SOSTENIBILIDAD EN EVENTOS: LA CLAVE NO ES HACER TODO, ES ELEGIR BIEN Medir la huella de carbono, elegir una sola batalla ambiental y diseñar la experiencia del público son las claves para que la sostenibilidad no sea un costo extra. Mate y Eventos — 11 de marzo de 2026 https://www.mateyeventos.com/articulos/axR3Ow-V3sI ---------------------------------------- Cuando se habla de sostenibilidad en eventos, la primera reacción suele ser defensiva: "eso es más caro" o "no tenemos presupuesto para eso". Ariela Giacco, especialista en sostenibilidad de eventos, plantea algo distinto: el problema no es el dinero, es la falta de foco. Y esa distinción cambia por completo cómo debería abordarse el tema en cualquier productora. Elegir una sola batalla es mejor que prometer todo Uno de los errores más frecuentes que describe Giacco es querer abarcar toda la sostenibilidad de un evento al mismo tiempo: residuos, huella hídrica, energía, catering, transporte, todo junto. El resultado casi siempre es el mismo: frustración interna y, hacia afuera, green washing. No porque haya mala intención, sino porque nadie puede sostener diez frentes abiertos con el mismo nivel de compromiso. La alternativa que propone es más simple de lo que parece: definir una política ambiental concreta antes de arrancar. Elegir, por ejemplo, trabajar solo sobre residuos este año, o solo sobre el descarte de hielo, o solo sobre el agua. Ese recorte no es una limitación, es lo que permite ejecutar bien en vez de prometer mal. Este criterio se vuelve todavía más claro cuando el evento es para un cliente corporativo. Si una empresa ya tiene una política declarada, como no usar plástico descartable en sus oficinas, esa misma lógica tiene que trasladarse al evento. Copiar el marco existente del cliente, en vez de inventar uno nuevo, evita la incoherencia que después se paga en reputación. La logística es la acción sostenible más barata que existe Hay una idea que conviene separar del resto porque tiene una ventaja enorme: no cuesta nada implementarla. Revisar los fletes y la logística de armado de un evento, conectando nodos de traslado para que un solo camión cubra varias paradas en vez de que salgan varios vehículos por separado, tiene impacto ambiental real y, al mismo tiempo, impacto directo en la estructura de costos. No es sostenibilidad simbólica: es eficiencia operativa que además reduce emisiones. Lo mismo aplica al personal. Si se puede coordinar un punto de encuentro para promotores o staff en vez de trasladarlos individualmente desde distintos puntos de la ciudad, se ahorra combustible y tiempo. Es un trabajo de planificación, no de inversión. Y tiene un valor adicional cuando se comunica: mostrarle al cliente cuántos kilómetros se evitaron recorrer con esa decisión convierte una mejora invisible en un dato que se puede reportar. Esta lógica conecta con algo que suele pasarse por alto: medir la huella de carbono no requiere certificaciones costosas para empezar. Los protocolos internacionales, como el GHG Protocol o los estándares GRI, y en el caso puntual de eventos la norma ISO 21012 (la misma referencia que se usó en los Juegos Olímpicos, aunque no es certificable), dan un marco para saber qué medir y cómo. El camino recomendado es medir primero, mejorar los procesos con esos datos y recién después evaluar si vale la pena certificar. El público no tiene que observar la sostenibilidad, tiene que vivirla El punto más rico de la conversación tiene que ver con el diseño de experiencia. La sostenibilidad funciona mejor cuando no se anuncia como un cartel aparte, sino cuando forma parte del recorrido emocional del evento. Los ejemplos son concretos: en Coachella, quienes comparten auto para llegar identifican su vehículo como parte de un sistema de carpooling y a cambio reciben algún beneficio, como un upgrade de acceso. En los shows de Coldplay, el público entiende que es parte de la energía del evento: hay pisos que capturan el movimiento de las pisadas, bicicletas eléctricas que la gente pedalea para encender luces de neón. En otro formato, se instalan carpas inflables con pantalla —una suerte de "cine dínamo"— donde alguien pedalea para que el resto pueda ver la proyección. Lo interesante de estos casos no es la tecnología en sí, sino el momento psicológico que aprovechan. Cuando alguien está en un festival, feliz, relajado, ese estado mental es mucho más permeable para adoptar un comportamiento nuevo y después contarlo. Ese instante en que una persona tira una botella en el cesto correcto y siente que hizo algo bien es, según Giacco, un momento de máxima receptividad que vale la pena diseñar, no dejar librado al azar. La observación del comportamiento del público es la herramienta central para lograr esto. Detectar que la gente busca un tacho y no lo encuentra, o que no ve los puntos de reciclaje porque están a nivel del piso y conviene señalizarlos en altura, son ajustes que solo aparecen si alguien se pone a mirar cómo se mueve realmente la gente en el espacio. Un tip simple pero efectivo: que el organizador recorra el evento como si fuera un espectador más, antes de que empiece o en medio de la operación, para detectar fricciones que desde la organización no se ven. Los residuos hoy pueden convertirse en algo mañana Cuando la estrategia funciona, el impacto trasciende el evento. La Fiesta Nacional de la Chaya empezó como una experiencia de canje: los asistentes llevaban residuos y recibían a cambio un vaso retornable que funcionaba como entrada. La iniciativa creció tanto que se extendió a los barrios y llegó a juntar 160.000 botellas de plástico junto con una gran cantidad de tetrapacks. Con ese material se desarrolló un proyecto de viviendas de emergencia, con módulos habitacionales hechos de placas de PET y de tetrapack. La fiesta terminó siendo reconocida dentro de los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda de la ONU. Otro caso significativo fue el show de Paul McCartney en Córdoba, con entre 50.000 y 55.000 personas y múltiples accesos al estadio. La estrategia de gestión de residuos afuera del predio permitió que, mientras el show sucedía adentro, el entorno se mantuviera ordenado. Puertas adentro, fue el primer show producido en Argentina con biocombustible al 100%, en octubre de 2024. También hay ejemplos de recuperación de alimentos, un trabajo que exige coordinación de horarios muy precisa: si el catering corta antes de que termine el evento, el sobrante tiene que quedar bien empaquetado para que una fundación o comedor lo retire y llegue a destino. La clave, en todos los casos, es la misma: la sostenibilidad no reemplaza la planificación, la exige. Acciones concretas para sumar sostenibilidad sin disparar el presupuesto - Elegir un solo frente de trabajo por evento (residuos, agua o energía) en vez de intentar cubrir todo - Revisar rutas de fletes y logística de armado para reducir la cantidad de vehículos y viajes - Coordinar puntos de encuentro para el staff en vez de trasladarlo individualmente - Señalizar los puntos de reciclaje en altura y observar el recorrido real del público antes de decidir su ubicación - Coordinar con el equipo de catering el horario exacto de cierre para poder recuperar y donar el sobrante de comida - Medir la huella de carbono con protocolos existentes antes de invertir en un proceso de certificación La sostenibilidad en eventos deja de ser un costo cuando deja de pensarse como un capítulo aparte del proyecto y empieza a diseñarse junto con la experiencia misma. El desafío no es tener más presupuesto, es tener más criterio para elegir qué se puede sostener de verdad. PREGUNTAS FRECUENTES ¿Qué es la huella de carbono y cómo se mide en un evento? La huella de carbono es un sistema de medición que calcula el impacto en gases, principalmente dióxido de carbono, que generan las actividades humanas, incluidos los eventos. Se mide siguiendo protocolos internacionales como el GHG Protocol o los estándares GRI, que establecen qué variables relevar (traslados, energía, residuos) y cómo hacerlo de forma comparable entre distintos eventos o años. ¿Qué es la norma ISO 21012 y para qué sirve en la producción de eventos? La ISO 21012 es un estándar internacional pensado específicamente para la gestión sostenible de eventos, aunque no es certificable como otras normas ISO. Sirve como guía de referencia para alinear las decisiones de un evento con los objetivos de desarrollo sostenible. Fue la norma utilizada como marco en los Juegos Olímpicos y cualquier productor puede consultarla como protocolo orientativo. ¿Cómo se recupera la comida sobrante de un evento y a dónde va? Hay dos tipos de recuperación: la de restos orgánicos no comestibles, que se llevan a plantas de compostaje industrial, y la de alimentos todavía aptos para consumo, que se entregan a fundaciones o comedores. Esto exige coordinación precisa de horarios: si el catering corta antes de que termine el evento, el sobrante debe quedar bien empaquetado para que llegue a destino en condiciones. ¿Qué impacto reputacional puede tener para una marca patrocinadora que su producto aparezca como residuo en un evento? Es un riesgo reputacional directo y difícil de revertir. Si el envase de una marca patrocinadora termina tirado en un río o un espacio natural cerca del evento, cualquier foto que circule en redes asocia esa imagen negativa a la marca, no al organizador. El resultado suele ser que esa marca no vuelva a auspiciar eventos similares. ¿Cómo se diseña una experiencia para que el público viva la sostenibilidad sin que se sienta impuesta? Se logra integrando la acción sostenible al recorrido emocional del evento, no como un cartel aparte. Ejemplos como pisos que capturan el movimiento de las pisadas para generar energía, o bicicletas que el público pedalea para encender luces, convierten un gesto ambiental en parte del entretenimiento. El momento de mayor receptividad suele ser cuando la persona está relajada y feliz durante el evento. ¿Qué rol cumple la logística y los traslados en la sostenibilidad de un evento? Es una de las acciones con mejor relación entre impacto ambiental y costo, porque optimizar rutas no requiere inversión adicional. Conectar nodos de traslado para que un solo camión cubra varias paradas, en vez de enviar varios vehículos por separado, reduce emisiones y al mismo tiempo baja los costos operativos del evento, algo que además se le puede reportar al cliente con datos concretos. ¿Por qué se recomienda medir la huella de carbono antes de buscar una certificación ambiental? Porque los procesos de certificación suelen ser costosos y conviene primero entender en qué puntos realmente se puede mejorar. Medir primero permite ajustar procesos internos con datos reales, y recién después evaluar si tiene sentido invertir en una certificación formal, evitando gastar en un trámite antes de saber si el evento está en condiciones de sostenerlo. ---------------------------------------- Mate y Eventos — El medio de la industria de eventos en Latinoamérica. https://mateyeventos.com