También se dice: sobrecarga sensorial
El agotamiento o saturación que sufre un espectador cuando una experiencia lo bombardea con demasiados estímulos (sonido, aromas, texturas) al mismo tiempo, al punto de que deja de percibirlos con atención y la experiencia pierde impacto.
En Teatro Ciego lo tienen muy presente porque, al anular la vista, cualquier otro estímulo se percibe con mucha más intensidad que en la vida cotidiana. Si el sonido "está al palo" o el olor a café es demasiado fuerte, el espectador se satura y termina prestándole menos atención, no más, al estímulo. La clave que plantean es la sutileza: un aroma o un sonido tienen que estar presentes de forma que la persona pueda no darse cuenta conscientemente, y que recién lo note (o no) al salir.
Esto también se traduce en decisiones de diseño muy concretas: la duración ideal de una función ronda los 50 minutos, y en el caso de eventos con público numeroso hay que sumarle el tiempo de ingreso a oscuras, porque ese tiempo también "cuenta" como carga sensorial acumulada para el espectador. Manejar bien la fatiga sensorial es, básicamente, dosificar los estímulos para que la experiencia se sostenga sin cansar ni aburrir.